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ESCRITO POR: Asturhunter65
[18:51 14/jul/2008] |
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TEMA: ....nos estalló la burbuja inmobiliaria; vaya, vaya, con el asunto¡¡ |
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Al margen de la crisis internacional, el capitalismo español ha gestado su propia crisis, puesta fundamentalmente de manifiesto por el hundimiento de la actividad en el sector de la construcción y la crisis inmobiliaria. Los muchos excesos que se han cometido en el pasado, en todos los sentidos, tenían que dar inexorablemente paso a una ruptura abrupta del ciclo y revelar la falta de solidez de la situación tan insensatamente proclamada por el gobierno.
Las viviendas deshabitadas se cuentan por millones, las invendidas por cientos de miles y siguen acumulándose mientras concluyen las ya iniciadas, en tanto que la demanda ha caído en picado por los precios –una verdadera extorsión-, las restricciones de crédito y el alza de los tipos de interés, Se ha generado un desajuste muy grande entre la oferta y la demanda de un bien no perecedero que tardará tiempo en desaparecer y marcara la coyuntura de los próximos tiempos.
La caída del sector de la construcción está arrastrando a otras muchas actividades económicas, lo que ha llevado a concluir, por fin, que el modelo de crecimiento anterior se ha agotado. Se propone con ingenuidad cambiarlo para salir de al crisis, sin tener en cuenta que ello es algo que no puede decidirse burocráticamente y hacerse de la noche a la mañana, sino algo muy complejo que, de intentarse en serio, llevaría mucho tiempo, muchos recursos y más coherencia y planificación de las que el sistema puede proporcionar.
Por otra parte, han surgido, con características propias pero de la misma naturaleza que los riesgos "subprime", problemas financieros relacionados con los créditos hipotecarios y la financiación a las inmobiliarias, sobre cuyo crecimiento ha descansado la actividad y la especulación de los últimos tiempos. Estos problemas empiezan a tener repercusión en la salud del conjunto del sistema bancario y la financiación de otras actividades, que no siempre son solucionables por la vía de inundar de liquidez el sistema, pues existen problemas adicionales de solvencia, fiabilidad y riesgos de impagos. El endeudamiento ha crecido a ritmos sin parangón con la actividad real de la economía, y en particular el de las familias, cuya hipotecada situación pesa ahora sobremanera en la demanda de consumo.
La crisis del sector exterior
Junto a estos problemas, que sin perjuicio de su gravedad podrían considerarse coyunturales, la economía española está atrapada en una crisis estructural derivada de su inserción, no digerida, en el mercado y la moneda únicos. Si se aclaran o se superan la crisis financiera y la crisis del "ladrillo", todavía habrá que hacer frente, sin instrumentos para ello, a la crisis exterior de la economía española.
Desde un práctico equilibrio de la balanza por cuenta corriente en 1998, en vísperas la implantación del euro, en el 2007 se ha registrado un déficit que supera el 10% del PIB. En cifras absolutas es el segundo mayor déficit del mundo, después del de Estado Unidos. Se ha alcanzado con un crecimiento relativamente más intenso que el de otras economías de la Unión Europea, pero también después de una evolución económica propicia para mantener la competitividad, como lo revelan el retroceso de poder adquisitivo de los salarios o la precariedad extrema del empleo.
La existencia del euro, o lo que es equivalente, la inexistencia de una moneda propia que detecte y resienta el desequilibrio exterior, enmascara y oculta los problemas derivados de un déficit tan enorme, pero no por ello desaparecen los problemas reales que implica: a saber, en primer lugar, que la producción interior no cubre las necesidades de la demanda: ésta se cubre con importaciones crecientes por no ser las mercancías españolas suficientemente competitivas, con el resultado que el crecimiento del PIB y el empleo del país es menor que el impulsado por la demanda. En segundo lugar, que la economía, a consecuencia del déficit, se ha endeudado a un ritmo vertiginoso. Baste decir que el endeudamiento exterior de la economía española en 1998, esto es, la diferencia entre los pasivos y los activos exteriores era del 28,8% del PIB y que en el 2007 ese porcentaje se elevó al 70%.
La pérdida de competitividad, reflejada en un déficit de la balanza por cuenta corriente, tuvo una importancia no desdeñable en la anterior crisis económica, la del principio de los noventa (un déficit, para compararlo con el actual, que en 1991 y 1992 fue "sólo" del 3 % del PIB), pero gracias a la devaluación de la peseta pudieron relanzarse las exportaciones y con ellas posteriormente el resto de la demanda. Ahora esa posibilidad no existe, por lo que el problema está planteado sobre el tapete con una gravedad insólita.
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