La satisfacción global de los ciudadanos de la Europa de los 28, incluidos Turquía,
Bulgaria, Rumanía y los 12 futuros miembros, está estrechamente ligada al nivel
de ingresos del PIB por habitante y a tener un empleo, según revela un informe
publicado hoy por la Comisión Europea y la Fundación europea para la mejora de
las condiciones de vida y de trabajo.
Así, las bajas cifras en los Trece para los indicadores económicos tradicionales
se unen a resultados también escasos respecto a la satisfacción vital.
Y es que la mayoría de los europeos de los 28 Estados miembros actuales y futuros
creen que el ejercicio de una actividad profesional les aporta no sólo ingresos,
sino también contactos sociales, autoestima y una mejor calidad de vida.
Los que han estado sin empleo durante al menos dos años a lo largo de los últimos
cinco se declaran menos satisfechos con su vida en general, su vida en familia,
su vida social y su salud que los que trabajan de forma continua.
Ello no significa que las malas condiciones laborales, tales como horas extras,
trabajo intenso tanto física como psicológicamente, no sean nefastas en varios
aspectos.
Por ejemplo, cerca del 20 por ciento de los europeos activos ven sus relaciones
sociales perturbadas a causa del trabajo, un porcentaje superior en los países
adherentes y candidatos (27 por ciento) que en la UE a 15 (19 por ciento).
Un 61 por ciento de las personas que dicen ejercer una actividad psicológicamente
penosa, el 54 por ciento cuyo trabajo es exigente en el plano físico y el 49 por
ciento de las personas que trabajan de manera más intensa, afirman encontrar dificultades
en sus relaciones con su familia y sus amigos a causa de su trabajo.
Entre las personas que trabajan 48 horas o más, más de una de cada tres considera
que sus relaciones sociales son difíciles, mientras que la proporción cae a al
menos 1 sobre cinco para las personas que tienen una semana de trabajo normal.
El hecho de trabajar a tiempo parcial o jornada completa parece sin embargo tener
menos implicaciones sobre las relaciones con la familia y los amigos.
Por otra parte, el desempleo de larga duración es ampliamente percibido como la
cusa primera de la pobreza, seguido por el alcoholismo, la enfermedad, la ruptura
de la familia y las toxicomanías.
MÁS SATISFECHOS EN LOS 15
El 60 por ciento de la población de los 13 dice estar "bastante satisfecho" con
su vida, frente al 90 por ciento en los Quince.
Los gráficos del informe apuntan que los daneses son con creces los más satisfechos
con sus vidas, al tiempo que se encuentran entre los europeos que mayor PIB per
cápita registran.
No obstante, el dinero no lo es todo, puesto que los luxemburgueses son los que
mayores ingresos tienen, pero se encuentran por debajo de la media de satisfacción
vital de la UE.
Los españoles se encuentran cerca de la media, aunque se muestran más satisfechos
que los ciudadanos de otros países como Francia, Italia, Holanda, Irlanda, Finlandia
y Bélgica, donde la renta es mayor. Bulgaria, Rumanía, Lituania y Eslovaquia son
sin embargo los que obtienen una tasa de satisfacción con sus vidas inferiores.
Sin embargo, el sentimiento de exclusión social es inferior en los nuevos socios:
el 64 por ciento, frente al 69 por ciento en los Quince, de los ciudadanos se
sientes socialmente integrados, aunque sus ingresos sean menores.
Entre los 15 y los 13, aunque las condiciones de vida presentan diferencias considerables,
los valores y las prioridades que determinan la calidad de vida en Europa no son,
sin embargo, muy diferentes.
Tener un buen empleo es el factor más importante para la calidad de vida en toda
Europa y la lucha contra el paro es universalmente percibido como uno de los principales
medios de mejorar las condiciones económicas y sociales de la vida familiar.
Por tanto, los valores y prioridades son análogos en los 28 países: tener una
buena salud, un ingreso suficiente y una familia son los tres factores principales
que contribuyen a una buena calidad de vida para la mayoría de los europeos.
No obstante, una diferencia importantes es, por ejemplo, que la pobreza relativa
es más baja en los países adherentes que en los Quince, en parte porque la noción
de pobreza es diferente.
Y ello se debe a que "tienen cierta tradición de sufrimiento, de que pasen cosas
malas, la familia es más importante y el reparto de los ingresos es más igualitario",
señalaron fuentes comunitarias.
La reducción de las prestaciones de ayuda social es citada asimismo como un factor
determinante de la pobreza en los países adherentes y candidatos, mientras que
los habitantes de la Unión de los 15 ven la falta de educación como una causa
importante.
Este informe es una síntesis de las conclusiones de una serie de siete estudios
comparativos, que analizan los resultados de varias investigaciones Eurobarómetro,
realizadas por la Comisión sobre la calidad de vida, las condiciones de vida y
otros temas conexos en los 13 países adherentes y candidatos y en los actuales
quince estados miembros.
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