Cuando estaba a punto de terminar el año 2001 escribimos un
artículo comentando las perspectivas de inversión de cara a este año, en el
que nos adscribíamos al "partido de los despistados" pero comentábamos el posible
interés de una "inversión en valor" con una visión de largo plazo.
La idea que subyace en la "inversión en valor" es que el mercado tiende a exagerar
los castigos y las alabanzas a las acciones cotizadas, penalizando excesivamente
a las empresas que quizá no tengan unas perspectivas de futuro muy claras y premiando
por encima de lo razonable a las que parecen ofrecer interesantes oportunidades
de crecimiento.
Un inversor en "valor" intenta aprovechar estas actitudes actuando normalmente
a la contra del mercado y confiando en que, a largo plazo, los excesos se corrijan
y le permitan obtener ganancias.
Y el inversor en valor identifica habitualmente las acciones interesantes porque
cotizan en niveles relativamente bajos respecto a variables fundamentales de la
empresa como los beneficios (un PER bajo), los dividendos repartidos (una alta
rentabilidad por dividendos) o el valor contable (un bajo ratio Precio / Valor
Contable, del que hablamos en otro artículo).
En algunos casos se considera que este tipo de inversión tiene su interés en determinadas
situaciones o momentos de mercado; esta idea es la que comentábamos en un artículo
sobre las tres grandes estrategias de inversión (la
inversión en valor sería la titulada "comprar barato y vender caro"), y se resume
en que de manera cíclica tienden a funcionar mejor alternativamente
estrategias que invierten en acciones de rápido crecimiento (por ejemplo, las
ligadas a Internet durante 1999) y las que buscan el "valor".
En este sentido en los últimos trimestres hemos vivido una moda de la búsqueda
de valor, que se ha visto reflejada en el buen comportamiento relativo de las
small caps (empresas de pequeña y mediana capitalización): aunque la relación
no es exacta, habitualmente este tipo de empresas "encierran valor" porque el
mercado tiende a olvidarse de ellas concentrándose en la inversión en grandes
multinacionales, y en consecuencia las "small caps" terminan cotizando relativamente
baratas respecto a sus fundamentales.
Desde este punto de vista hoy estaríamos viviendo un buen momento para la inversión
en "valor", pero en la medida en que esta moda termine irá perdiendo interés a
favor de otras alternativas. En los términos que comentábamos en el artículo sobre
las "tres grandes estrategias de inversión", la inversión en valor perderá interés
en la medida en que el mercado entre en una tendencia
clara (al alza o a la baja), y podría mantener su interés en la medida en
que continúen las fuertes incertidumbres que hoy rodean a la bolsa.
Otra forma de ver la inversión en valor es la que tiende a adoptarla como una
filosofía de largo plazo, independientemente de que se ponga esporádicamente de
moda (podría ser el caso por ejemplo de nuestros foristas Largoplazo
y EVG1969, cruzados de las acciones "injustamente
penalizadas"). Esta visión es la que presentábamos en nuestro artículo
sobre dónde invertir en 2002.
Realmente el matiz que diferencia a ambas visiones es el del horizonte a largo
plazo; el hecho es que quienes defendemos la "inversión en valor" hemos tenido
la suerte de acertar en lo que llevamos de 2002, pero normalmente sólo la visión
de largo plazo y la asunción de una gran dosis de paciencia da algunas garantías
de éxito a esta inversión (desde luego no es habitual que en períodos de tres
meses el inversor en valor obtenga tan buenos rendimientos).
Son varios los estudios que hablan de la superioridad de la "inversión en valor"
en largos períodos de tiempo; la idea implícita en estos estudios es que, aunque
las acciones que encierran valor tienen su momento de mercado (sus modas), los
malos momentos no son tan duros como en otro tipo de acciones: el hecho de cotizar
en múltiplos muy bajos respecto a sus datos fundamentales sirve de suelo a las
caídas. La idea es que un inversor que apuesta por acciones de alto crecimiento
que no "encierren valor" se puede enfrentar a grandes pérdidas cuando la moda
no juegue a su favor, pero el inversor en valor juega con mayores garantías.
Estas ideas parecen razonables, pero en justicia también hay que decir que otros
estudios lo niegan (queda claro que el mundo de las finanzas dista mucho de ser
una ciencia exacta), y lo único que parece aceptado por el consenso es que cada
tipo de estrategia tiende a funcionar mejor en distintos momentos de mercado;
con ello, quien se considere capaz de predecir razonablemente bien qué horizonte
nos espera debería cambiar su estilo de inversión periódicamente sin necesidad
de orientarse al largo plazo.
Quien esté interesado en la "inversión en valor" puede encontrar de utilidad analizar
el balance de situación que tendría hoy un inversor
que hubiera invertido en las acciones de que hablábamos en el artículo "Dónde
invertir en 2002", y que acciones parecen interesantes hoy según los mismos criterios
que utilizábamos entonces.
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